Tema: Emociones

Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y temible: JEHOVÁ TU DIOS, 59 entonces Jehová aumentará maravillosamente tus plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, y enfermedades malignas y duraderas...

Deuteronomio 28:58-68

El creyente lucha efectivamente contra la idolatría en su corazón, cuando recordamos todo el tiempo de la bondad de Dios para con nosotros, tanto en el presente como en el futuro. Nosotros los creyentes necesitamos poner nuestro corazón, enfocar nuestra mente en la bondad de Dios, tanto presente como futura para poder resistir la tentación permanente que tenemos a la idolatría.

Salmo 16

 Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo. Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.

Salmo 37:8-40

Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.

Salmo 37:1-11

No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.

Salmo 37

1 Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. 2 Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios.

2 Corintios 4:1-2

Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente.

2 Corintios 3:7-18

Jehová, no me reprendas en tu furor, Ni me castigues en tu ira. Porque tus saetas cayeron sobre mí, Y sobre mí ha descendido tu mano. Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira; Ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado.

Salmo 38

Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

Santiago 4:4-6